Cuando no pisamos correctamente, se produce un «efecto dominó»: una mala alineación obliga al cuerpo a compensar, lo que acaba afectando directamente a las rodillas, la cadera y, muy especialmente, a la columna lumbar. Cuando eso pasa, es importante acuduir a un especialista en podología.
Las revisiones periódicas nos permiten identificar y tratar de forma indolora afecciones comunes como durezas (queratosis), ojos de gallo (helomas) o alteraciones en las uñas antes de que se conviertan en procesos crónicos que limiten tu movilidad diaria.
Aunque hoy no sientas dolor, pequeñas alteraciones en la forma de repartir el peso al caminar pueden generar un «efecto dominó» que acabe afectando a tus rodillas, cadera y, muy especialmente, a tu zona lumbar. Detectamos estos desequilibrios antes de que aparezca la lesión.
Diagnosticamos y tratamos de forma personalizada las afecciones de la piel del pie, incluidas las verrugas plantares o papilomas. También abordamos dermatosis inflamatorias, psoriasis, hiperhidrosis —exceso de sudoración—, ampollas, rozaduras crónicas y otras alteraciones por roce o presión. Nuestro objetivo es aliviar las molestias y recuperar la función protectora de la piel.
Ya sea mediante quiropodología de alta gama con protocolos de esterilización hospitalaria o el diseño de soportes plantares de nueva generación, adaptamos cada tratamiento a tu calzado y a tu ritmo de vida para que nada te detenga.
Cuidar tu paso por la vida es asegurar tu autonomía y bienestar para el futuro.
Inflamación del tejido elástico que va desde el talón hasta los dedos. Provoca un dolor agudo, especialmente con los primeros pasos de la mañana.
Acumulaciones de piel muerta generadas por un exceso de presión o fricción.
Cuando el lateral de la uña penetra en la carne del dedo, causando inflamación, dolor e incluso infección.
Alteraciones en la columna o diferencias en la longitud de las piernas que suelen tener su origen o compensación en la pisada; las tratamos mediante estudios posturológicos.
Desviación del dedo gordo que genera una protuberancia ósea.
Dolor e inflamación en la planta del pie, cerca de la base de los dedos, muy común en personas que pasan mucho tiempo de pie.
Lesiones de los ligamentos por giros bruscos. Realizamos la recuperación y el estudio preventivo para evitar la inestabilidad crónica.
Deformidades de los dedos por desequilibrios musculares que generan roces dolorosos con el zapato.
Infecciones víricas o micóticas en la piel y uñas que requieren un tratamiento especializado para evitar que se vuelvan crónicas o se contagien.